Llegada a la basílica






Recorriendo la Calle de la Estrella, como un día hicieran los Magos de Oriente y tras ellos todos los peregrinos, se atisba a lo lejos, antes de llegar a la plaza de la actual basílica, el encanto de un lugar que desde siempre atrajo a millones de visitantes llegados de todo el mundo para adorar al Niño.

Cuando se llega a la plaza enlosada que precede a la basílica, aparece al fondo la silueta del santuario de la Natividad. No es fácil captar, a primera vista, la estructura arquitectónica del conjunto basilical, cargado como está de siglos de historia y transformaciones.

El edificio esencial se remonta al siglo VI y es obra de los arquitectos del emperador bizantino Justiniano, que mandó reconstruir la basílica del siglo IV, destruida tras la revuelta de los samaritanos. Con todo, un detenido examen de la fachada permite distinguir algunos elementos que integran el conjunto de la basílica y sus estructuras anexas.

El aspecto de fortaleza es consecuencia de la secular necesidad de protección, tanto de la estructura general como de la residencia de los religiosos que custodiaban la basílica. Mirando hacia la fachada, los muros de la derecha corresponden a los monasterios armenio y griego; a la izquierda se encuentran las construcciones modernas de la Casa Nova y del convento franciscano de la época cruzada.