El tejado

El tejado

A diferencia de otras muchas iglesias orientales, la cubierta del tejado no era de bóveda, sino de vigas con cubierta, como describe Luis de Rochechouart antes de la restauración de 1461: “El tejado consiste en una estructura de madera construida en los tiempos antiguos. Esta estructura se va arruinando poco a poco, sobre todo en la parte del coro. Los sarracenos no permiten ni edificar ni reparar, de forma que es un milagro del Pequeño que allí nació si se mantiene todavía en pie”.
El tejado de la Basílica de la Natividad fue objeto de una notable reforma en 1479, por iniciativa del entonces hermano guardián, fray Juan Tomacelli. La madera, pagada por Felipe el Bueno, rey de Borgoña, fue trasportada en naves venecianas, mientras que el plomo para la cubierta fue regalado por el rey de Inglaterra, Eduardo IV.
Una ulterior reforma fue llevada a cabo por los griegos en 1671. En esta ocasión se sustituyó la madera de cedro por madera de pino, como certifica el padre Nau.
Esta gran inversión en materiales y recursos económicos tuvo como feliz resultado el tejado que perdura hasta el día de hoy, pero que se encuentra en avanzado deterioro, provocando además la degradación de la decoración musiva de las paredes. En particular, la estructura de plomo, que durante el verano alcanza temperaturas altísimas, se dilata con el calor y provoca fisuras en la estructura que facilitan el filtrado del agua.
Desde el tejado de la iglesia de Santa Catalina, ofrecemos a los visitantes una particular vista aérea que permite descubrir la construcción triabsidal del santuario y ayuda a entender los cambios acontecidos a lo largo de los siglos en el perímetro del edificio.

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