Hic et nunc: Tradición litúrgica

El niño de Belén

La liturgia de todos los lugares santos, como es el de Belén, consiste en la memoria cotidiana de los acontecimientos de la vida de Jesucristo, que son revividos y actualizados en los lugares exactos que la tradición ha fijado como lugares santos tocados por el paso divino del Hijo de Dios. Esta especificidad permite entender que la liturgia de los lugares santos no es una simple práctica litúrgica, sino que representa la actualización continua del hic et nunc con el que, como en el caso de Belén, el Salvador se hizo carne y vino a habitar entre nosotros. Estos ritos están testimoniados ya en la Antigüedad. Los dos documentos más significativos son el Itinerario de Egeria, el Leccionario Armenio de Jerusalén y elKalendarium hierosolymitanum que describen los usos litúrgicos de los lugares santos en los siglos IV y V, VI y VII. Estos documentos nos transmiten cómo se celebraban las solemnidades de Navidad y de la Epifanía y son testigos de las peregrinaciones que se desarrollaban a los lugares de culto próximos vinculados con los relatos evangélicos en torno al nacimiento del Salvador. Evidentemente, el ciclo de solemnidades del tiempo litúrgico de Navidad tiene una importancia fundamental en la vida de la iglesia local y de los peregrinos que llegan de todo el mundo a la Basílica de la Natividad. El primer domingo de Adviento inaugura las celebraciones del año litúrgico, un domingo que es celebrado con la entrada solemne del Custodio de Tierra Santa en la Basílica de la Natividad, a la hora de las primeras vísperas. Todo el tiempo del Adviento queda consagrado a la preparación de las celebraciones navideñas: la Misa del Gallo, la Misa de la Aurora y la Misa de la Mañana, presididas por el Patriarca de Jerusalén desde el siglo XIX (hasta entonces eran presididas por el Custodio de Tierra Santa). Estas celebraciones concluyen en la Epifanía, que celebra la manifestación de Jesús a los Magos y, en ellos, a todos los pueblos. En relación con estas solemnidades navideñas, se celebran también otras fiestas que se pueden considerar secundarias, pero que tienen su origen en los relatos evangélicos: la fiesta de los Santos Inocentes (28 de diciembre), que evoca la matanza de los niños ordenada por el rey Herodes; y la fiesta de la Theotókos (1 de enero), la fiesta de María Madre de Dios, que exalta la figura de la Virgen María, a la que está dedicada la Basílica de la Natividad. Junto a todas estas solemnidades se celebran también otras fiestas y memorias que tienen mucho que ver con la vida y la participación de la comunidad local. Entre las más importantes están la fiesta de Santa Catalina (24 de noviembre), santa titular de la iglesia conventual, que fue durante siglos la fecha en la que comenzaba la preparación de la Navidad; y la fiesta de San Jerónimo (30 de septiembre), santo y doctor de la Iglesia, que vivió en los lugares santos del nacimiento de Cristo. Tienen también una gran importancia celebrativa la solemnidad de San José, en la homónima capilla-casa, y la solemnidad del Corpus Domini, fiesta que manifiesta la importancia de Belén como cuna del Pan de Vida. Se deben recordar además las peregrinaciones al santuario del Campo de los Pastores (25 de diciembre) y a la Gruta de la Leche, en memoria de los acontecimientos evangélicos o populares allí recordados.